De una pequeña tienda en Bogotá al estudio de las nebulosas
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Ángel llegó a Bogotá desde Venezuela con lo justo para empezar de nuevo y una idea sencilla: abrir una pequeña tienda de barrio. Pero sin historial crediticio ni acceso a la banca formal, su única salida eran los préstamos informales —el llamado “gota a gota”—, con intereses abusivos y condiciones que no solo hacían casi imposible crecer, sino que podían volverse peligrosas si no se pagaba a tiempo. Durante un tiempo, su negocio sobrevivió como pudo. Hasta que alguien decidió prestarle dinero en otras condiciones: sin pedirle lo que no tenía y fijándose en cómo trabajaba cada día.
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