El club de Washington del FMI es poco común... y útil
El apoyo de EE UU a cualquier componente de la arquitectura global es hoy día extremadamente inusual
El Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó esta semana con paso vacilante a la 78ª edición de sus reuniones de primavera, acosado por acusaciones de estar desfasado, excesivamente politizado o, sencillamente, ser irrelevante. Aun así, el discurso inaugural de su directora gerente, Kristalina Georgieva, fue notablemente optimista. Los cínicos detectarán una conexión entre ese optimismo y las previsiones de crecimiento mundial fuertemente revisadas a la baja que presentó, a raíz de lo que la Agencia Internacional de la Energía ha calificado como la peor crisis energética jamás registrada. Para una institución dedicada a apagar incendios financieros globales, un aumento del riesgo implica un aumento de la relevancia. Pero Georgieva tiene una razón más directa para mostrarse positiva: confía en que el Congreso de Estados Unidos autorice pronto el largamente retrasado aumento del 50% de las cuotas de los países miembros aprobado por la Junta de Gobernadores del FMI en diciembre de 2023.
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