Monday, April 20, 2026
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Ni 2022, ni 1970: el shock por la guerra en Irán no se parece a crisis petroleras del pasado

Deutsche Bank destaca que el mercado no descuenta un escenario de estanflación prolongada, con futuros del Brent bajo US$80, inflación cercana al objetivo y datos macro aún en expansión.

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Carlos Rodríguez Salcedo
Newsroom · Hace 4 h
4 min read
Ni 2022, ni 1970: el shock por la guerra en Irán no se parece a crisis petroleras del pasado

La escalada de la guerra en Irán, que ha tensionado el suministro global de crudo tras episodios de disrupción en el estrecho de Ormuz, ha reactivado el temor a un nuevo shock energético global y su impacto en los mercados. Sin embargo, Deutsche Bank plantea un escenario distinto, en el que la magnitud del shock actual no alcanza los niveles que en el pasado desencadenaron caídas más profundas en los mercados.

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El informe del analista Henry Allen sostiene que “este shock energético no es como el de 2022, y mucho menos como el de la década de 1970”, en un contexto en el que los inversores han mostrado cautela ante la posibilidad de un escenario de estanflación. La comparación con la invasión de Ucrania surge por la secuencia inicial de recuperación bursátil, aunque Allen indica que “esas comparaciones son injustas en varios aspectos”.

A partir de esa base, el documento estructura su argumento en torno a precios de la energía, inflación, política monetaria y datos macroeconómicos, con el foco en explicar por qué la reacción del mercado ha sido más resiliente de lo esperado.

Expectativas e inflación

Uno de los ejes centrales del informe es la diferencia en el nivel y las expectativas de los precios del petróleo y el gas frente a 2022. Allen señala que “los precios del petróleo y del gas son hoy más bajos que entonces”, tanto en el corto plazo como en las curvas de futuros.

El contraste es más evidente al observar las expectativas del mercado al comparar con 2022, donde “los futuros a seis meses del Brent estaban por encima de US$100 por barril, mientras que hoy están por debajo de US$80”, una diferencia que incide directamente en la percepción de riesgo. Allen subraya que “los inversores no están descontando un shock estanflacionario prolongado”.

La relevancia de las expectativas se integra en la dinámica, ya que “en los mercados, las expectativas afectan a la realidad”, en alusión a episodios recientes donde anticipaciones de recesión o tensiones comerciales generaron volatilidad antes de materializarse.

El análisis incorpora ajustes estructurales que moderan el impacto del encarecimiento energético. Allen apunta que “hemos tenido una inflación acumulada de alrededor del 10% desde 2022”, lo que reduce el efecto real de niveles nominales similares en el precio del crudo.

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A esto se suma un cambio en la eficiencia económica, dado que “la intensidad energética ha seguido disminuyendo”, con una caída del 6% en Estados Unidos desde 2022, reduciendo la sensibilidad del PIB a shocks energéticos.

En paralelo, el punto de partida inflacionario introduce una diferencia clave en la reacción de los bancos centrales. El informe destaca que “la inflación parte hoy de una base más baja”, con el índice PCE en EE.UU. en 2,8% y el IPC de la eurozona en 1,9% en febrero de 2026.

Ese contexto evita un endurecimiento agresivo de la política monetaria, en contraste con 2022, pues ahora “los bancos centrales no se ven forzados a respuestas agresivamente restrictivas”, una divergencia que influye en la estabilidad de los mercados financieros.

Resiliencia macroeconómica y comportamiento de los activos

El documento también examina la evolución de los datos macroeconómicos, donde no se observa el deterioro inmediato característico de shocks energéticos históricos. Allen indica que “los datos han permanecido en terreno expansivo a ambos lados del Atlántico”, incluso con presiones inflacionarias presentes.

En Estados Unidos, el mercado laboral mostró el mayor aumento de nóminas en 15 meses, mientras que en Europa los PMI (Índice de gestores de compra) se mantienen en expansión, lo que contrasta con episodios como 1973 o 1990, cuando el impacto fue inmediato. En ese sentido, el informe recuerda que “en varios de los shocks petroleros más graves del pasado, el deterioro ocurrió inmediatamente”.

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La reacción de los mercados se refleja en el comportamiento de los activos de riesgo. El S&P 500 registró tres semanas consecutivas con avances superiores al 3%, un evento que sólo se ha producido tres veces desde la Segunda Guerra Mundial, acompañado por una compresión de spreads en crédito de alto rendimiento en EE.UU. y Europa.

“No estamos alcanzando los umbrales de severidad de shocks energéticos pasados”, dice Allen. “La resiliencia observada en múltiples clases de activos tiene más sentido de lo que podría parecer inicialmente”.

El informe deja abierto el seguimiento de variables clave como la evolución de los precios energéticos, las expectativas de inflación y la reacción de la política monetaria, en un entorno donde la volatilidad persiste pero sin replicar, por ahora, los patrones de crisis anteriores.

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